#Happy  Shiny fitness

¡¡Si, se puede!! 

Esperando la estabilidad que siempre buscamos, trabajo, familia, hogar, etc. Pensando que era  todo lo que necesitaba para estar completa, me di cuenta que no estaba del todo bien, me faltaba cuidado propio, mucho cuidado y AMOR propio. 

No podía caminar más de 15’ porque tenía dolores de cadera, sumada una lesión que apareció por cargar peso de forma inadecuada lo cual me traía mucho dolor en mis piernas. Me vi mayor… me vi desgastada, vi mi cuerpo arrugado y dejado con tan solo 26 años y allí empecé. Decidí empezar sólo con el fin de sentirme mejor, y no me imaginé que yo también podría llegar a tener un ‘cuerpo fitness’. El objetivo era sencillo, sentirme mejor. 

Este fue el gran determinante para lograr constancia en el proceso y no desfallecer si no se veían grandes cambios.

Al inscribirme al gimnasio me ofrecieron entrenamiento personal, realmente no lo analicé. Perdí el miedo a gastar un extra de dinero y lo tomé como una inversión de cuidado propio. 

Mi consejo inicial, invierte en ti, busca ayuda de profesionales. Entre mi terapeuta y mi entrenadora me empezaron a abrir los ojos. 

Conocí a Jor, la verdad me puse muy nerviosa, lo primero que me hizo hacer fue tomarme fotos, las odiadas fotos. Ver mi cuerpo, su estado, sus rollitos, esa espalda encorvada, mi cara, todo… no pude ver esas fotos más que 1 segundo y cerrar el móvil, así que ¡empecé! Me lancé a crear ese tan idealizado hábito de hacer ejercicio.

Me costó mucho el comienzo.. fue horroroso, ir media hora a entrenar por mi cuenta, un sacrificio, pero ir con mi entrenadora, un compromiso. 

Conforme pasaron los primeros meses empecé a ver los resultados de esa inversión. Me asignaron la mejor entrenadora del lugar, nada es casualidad. 

Aprendí que hacer una dieta nunca es sacrificar, es elegir mejor, también por más que esas dos horas fueran duras, al terminarlas, me sentía superwoman, mi cuerpo en apariencia no había cambiado pero yo me sentía la más fitness del barrio.

Con el paso de los meses iba notando la mejoría, notando la buena inversión que hacía en mi, ya no tomaba colacao, si no prote de chocolate, no tomaba un primero y un segundo sino un solo plato equilibrado con proteína, carbohidrato y vegetales. Descubrí el hermoso mundo de los vegetales,y que no hacía falta renunciar al pan. Al contrario, es encontrar el equilibrio entre el Gym y el Ñam. 

Sin darme cuenta, pasó el primer año… ya no me costaba tanto entrenar, esos ejercicios que parecían imposibles ya no me hacían casi ni sudar. Empecé a centrarme en cómo me sentía al finalizar el entreno ‘Motivation comes after workout’ se volvió mi mantra, tanto así, que incrementamos en ese primer año el entreno de media hora, a una hora, seguían siendo dos días a la semana. Al año y medio me di cuenta que de repente había semanas que estaba de muy mal humor, y al entrenar, pensaba, esto es lo que le faltaba a mi semana.

Entrenar se me volvió una necesidad sin yo esperarlo, pensarlo ni forzarlo. Sólo pasó producto de la constancia.

Cada tanto sacabamos las temidas fotos, a pesar que las tomaba, no las veía mucho y era dónde más cambios físicos veía, Jor con su cariño me mostraba los avances, ‘Mirá tus brazos’ ‘Mirá tu espalda’ y yo solo pensaba ‘ohlala si que se nota!’.

He de confesar que los primeros meses me pesaba, casi todos los días, esto me duró poco, me olvidé de la báscula y de esos números. Entendí que había días que estaba más hinchada, que soy cíclica, que habían días que había comido mejor o peor, y en una báscula realmente no se reflejaba todo el avance, finalmente entendí que no es lo mismo 1kg de grasa que 1kg de músculo, me deshice de la báscula. 

Cada vez me quería mucho más, sentía que ese trabajo se notaba en mi estado de ánimo y en mi físico. Menos cansancio, menos dolores, más energía.

Tuve muchos aprendizajes en ese camino, si te lo piensas no lo haces, levántate y ponte la ropa de gimnasio, a darlo todo, que gusto cuando terminaba una rutina sola en mi casa, que orgullo de mi misma. Cada vez me quería mucho más, sentía que ese trabajo se notaba en mi estado de ánimo y en mi físico.  Menos cansancio, menos dolores, más energía, sumado a que tenía un momento que era solo mío y me despejaba de la vorágine diaria que todos vivimos. 

Así pasó otro año, escogí mejor a quién seguía en redes, quién daba consejos saludables y quién no, empecé a discernir entre el mar de información fitness, con la guía de Jor, mostrándole lo que veía y preguntando que tan cierto era lo que contaban. Me ayudó a derribar mitos, y aprendí que cada proceso es único.

De repente, otra vez fotos, me entró la cosquilla de comprarlas con aquellas que tomamos el día que nos conocimos, y OMG! la revelación, pude ver todo! todo el avance, todos esos mini esfuerzos, resultaron en grandes recompensas, incluso llegar a no tener pérdidas de orina cada que me reía, dato que Jor no supo hasta mucho tiempo después. Encontré mil ventajas más de las que me esperaba obtener de esta gran decisión, salió redondo todo! 

La vida fitness oficialmente era parte de mi vida. Al ver esas fotos me ví más delgada, con más figura, vi músculos que no sabía que tenía, y vi lo mal que estaba físicamente al empezar. Que alegría me trajo esto, perdí el pudor de esas primeras fotos y las empecé a mostrar y a fardar a la gente, ‘mira, mira como estaba antes’, ya no sentía vergüenza de mi cuerpo, empecé a quererme muchísimo más, subidón de autoestima. Por primera vez en ese par de años agradecí tomar esas fotos, de hecho ahora me encanta hacerlas.

Entrenar es hoy uno de mis mejores y más esperados momentos de la semana, armo mis playlist, organizo mi día entorno al entreno, lo volví un indispensable en mi agenda y mis looks para entrenar, aunque me restringi de hacer cualquier compra de ropa hasta que no viera que realmente era un hábito,  me vi obligada a comprar ropa de gimnasio, ¡la que tenía me quedaba grande! compré los famosos biker shorts que te marcan la pierna, un ohlala al verme las piernas que tenía,  nunca me imaginé que podría llegar a tener. Pensar que el objetivo era sólo sentirme mejor. 

Nada en este proceso ha sido fácil

Todo este auto trabajo de autoestima casi se vio afectado cuando los demás notaron mi cambio. ¡Oh! qué delgada estás! ¡Cómo estás de guapa! Hasta la frase que casi me quiebra ‘Si que estabas rellenita antes eh?’ Me entró ansiedad, nunca había pensado que estaba rellenita hasta que alguien más me lo dijo, me entraron ganas de comprar ropa que marcara mi figura, una semana en la que no paré de verme al espejo, cosa que poco hacía. Esas palabras casi dañan tres años de avance y me di cuenta el impacto que puede tener que alguien opine sobre tu cuerpo, cómo una palabra te puede herir y casi destruir. Que notaran mi cambio debería haber sido genial, pero asumieron que había sido fácil o hace poco tiempo.

Hubo quienes sin haberme saludado por años se atrevieron a escribirme  ‘que delgada estás’ recibí comentarios tipo, ‘Oye, que bien que empezaste a hacer ejercicio’ Y me di cuenta de la percepción que tienen muchas personas de que la pérdida de peso es algo milagroso, que los cuerpos ‘fitness’ se dan de la noche a la mañana, con ejercicios en los que apenas te mueves. Vi cuánto tenían estas personas por aprender y entender. Llevaba tres años escogiendo mejor, invirtiendo tiempo en ejercitarme, creando una disciplina que terminé interiorizando.  ¿Cómo estas personas opinan y te dan un ‘elogio’ sin saber qué proceso has llevado? Acaso saben si perdí peso por un problema de salud? ¿Cómo se atreven?! Me daba rabia que cuando me preguntaban, ¿Cuántos kilos has perdido? No tenía respuesta, no se cuantos kilos perdí, no me importa si quiera, me siento bien conmigo y eso sí me importa. Al contarles lo que hice me contaban de alguna dieta milagrosa de jugos y estaban muy orgullosos por esa dieta. Definitivamente necesitan una Jor en su vida. Me aplaudí, por escucharme, por no prestar atención a las palabras de los demás, por cogerle cariño al combo pesas y cardio y por haber tenido la constancia y disciplina que me llevan a cómo me siento hoy: Happy, shiny y fitness. 

 

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